Antonio José de Sucre


Antonio José de Sucre regresa a Bogotá y su sorpresa es ilimitada. El Libertador se había marchado por la vía del ostracismo el 8 de mayo de 1830 a tempranas horas. Pergeña el Mariscal una página increíble para su amigo, maestro, jefe y guía:

Mi General:

Cuando he ido casa de Vd., para acompañarlo, ya se había marchado. Acaso es esto un bien, pues me ha evitado el dolor de la más penosa despedida. Ahora mismo comprimido mi corazón, no sé qué decir a Vd.

Más no son palabras las que pueden fácilmente explicar los sentimientos de mi alma respecto a Vd., Vd., los conoce, pues me conoce mucho tiempo y sabe que no es poder, sino su amistad la me ha inspirado el más tierno afecto a su persona. La conservaré, cualquiera que sea la suerte que nos quepa, y me lisonjeo que Vd. Me conservará siempre el aprecio que me ha dispensado. Sabré en todas circunstancias merecerlo.

Adiós, mi General, reciba Vd. Por gaje de mi amistad las lágrimas que en este momento me hace verter la ausencia de Vd. Sea Vd. Feliz en todas partes y en todas partes cuente con los servicios y con la gratitud.

De su más fiel y apasionado amigo,

A.J. DE SUCRE

Fue la última firma del Mariscal Sucre estampada en documento alguno. Con este testimonio se despedía de la larga actividad por la paz en sus esfuerzos de gran diplomático forjado en la guerra. El periplo de su vida fue la dación sublime, por entero, a la causa de los libres desde mediados de 1812 hasta la hora trágica en que pierde la vida en tránsito por el camino real que unía a Caracas con La Paz, Chuquisaca, Oruro y Cochabamba, pasando por Bogotá, Quito, Guayaquil, Lima y El Desaguadero.

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