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Cuartel General Pasto, a enero 9 de 1823
Mí querida Antonia:
(Confidencial)
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Recibí con infinita satisfacción tu apreciable del 6 de noviembre del 22, que motiva mi conciencia. Además, me halaga el que tanto te preocupes por mí; créeme que me siento muy contento de saberme aún inquirido por tal preocupación, además de calmar tu curiosidad.
Le pregunta que me haces la contesto así: esta señora no dará más un motivo para habladurías, pues no se lo merece. Su mayor pecado ha sido el fervor que, como patriota, se ha desbordado en atenciones para conmigo. Bien sé que me obliga a mí mismo al intentar separar mis sentimientos de mis actos; pero ¿qué hago con esta loca emoción que me incita a verla de nuevo?
Aceptarla en mi destino parece ser la respuesta ineludible; pues ella en su afán de servicio, se muestra como una noble amiga de alma muy superior: culta, desprovista de toda intención de ambición, de un temperamento viril, además de femenina.
Ella abandonó su hogar para brindarnos a la causa, y a ti, querida hermana, todo lo que su genio tiene en aras del bien común. Enérgica cuando se lo requiere, se desdobla en infantil ternura cuando su noble corazón se lo pide; orgullosa, porque le viene de sangre, yo la he aceptado por la comprensión nuestra y su hábil descaro de imponerme su amor. Tú dirás que me he excedido en este retrato; pero, en honor a la verdad, no cabe más que apreciar.
Para calmar tu preocupación te diré que esta señora no empaña mis virtudes; pues lejos de toda pretensión mis Generales la respetan como si fuera mi esposa, y en los círculos sociales su presencia hace son su señorío el respeto que merecemos.
Las miserables habladurías que te han llegado como noticia, me han lastimado profundamente por la delicadeza y finura de tu espíritu, y porque sé de tu celo con que quieres a tu hermano y deseas mi bien.
Yo diría que nunca antes me he sentido tan seguro de mí mismo como ahora, que confidencialmente hago esta declaración. ¡Simón se encuentra enamorado! ¿Qué te parece? No es un jolgorio; ¡Es Manuela, «La Bella»!
Dispensa mi efusividad. Pronto tendrás más noticias mías, se que deseas mi felicidad. La tengo ahora.
Tu afectísimo hermano
Bolívar
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